jueves, octubre 01, 2026

Huerta comunitaria de la UdeC: un espacio de aprendizaje, biodiversidad y autogestión vecinal


El sociólogo Basilio Giovanetti Álvarez, profesional de vinculación con el medio de la Universidad de Concepción, detalla cómo un antiguo basural de 600 m² se transformó en una huerta comunitaria participativa que reúne a vecinos, niños, estudiantes y adultos mayores en torno a la agroecología y la gobernanza horizontal.

El sociólogo Basilio Giovanetti Álvarez, quien se desempeña como profesional senior en la Dirección de Vinculación con el Medio de la Universidad de Concepción y representa a la vicerrectoría en la huerta comunitaria del campus, explicó el origen y funcionamiento de esta iniciativa. Nació pocos meses después del estallido social por demanda de vecinos del sector Parque Ecuador Norte, Plaza Perú, la ONG Manzana Verde y representantes de jardines infantiles. Los habitantes de departamentos y espacios reducidos buscaban un lugar adecuado para cultivos y acciones de aprendizaje vinculadas a la conservación de la biodiversidad.

La universidad cedió entonces un predio de aproximadamente 600 metros cuadrados que antes funcionaba como basural. El terreno pasó por procesos de mejora de suelos, instalación de terrazas de cultivo y sistemas de riego alimentados con energía solar. La lógica del proyecto no apunta a cultivos extensivos ni al uso de químicos, sino a una experiencia educativa centrada en la conservación de la agrobiodiversidad.

Hoy el espacio recibe a adultos mayores, niños de jardines infantiles, vecinos, estudiantes universitarios y público de diversas edades que participan en prácticas de cultivo urbano. Giovanetti subrayó que Concepción ha vivido un intenso proceso de gentrificación que ha relegado los espacios públicos y de cultivo hacia la periferia, por lo que la huerta representa una respuesta concreta a esa carencia en el entorno inmediato de la universidad.

La gobernanza es un elemento central. Existe una mesa de gobernanza integrada por representantes de las distintas organizaciones e instituciones que participan. Nadie es propietario de los espacios: la huerta los cede. Según el sociólogo, la evaluación es muy positiva, pero requiere años de trabajo para construir confianza, delimitar roles y sostener una participación voluntaria y deliberada basada en el interés común por aprender e interactuar.

Giovanetti destacó que el éxito de estos espacios comunes no depende solo de que el Estado o una institución los entregue, sino de instalar capacidades para que las personas puedan autogestionarlos. Insistió en la necesidad de generar alianzas, fortalecer líderes comunitarios (diferentes de los jefes jerárquicos) y crear agentes de cambio en juntas de vecinos, clubes de adultos mayores y territorios. Los programas públicos, dijo, requieren seguimiento prolongado y no solo la instalación inicial.

En 2026, con financiamiento de la vicerrectoría, se implementó la segunda versión de cursos gratuitos quincenales los sábados. Se ofrecen diez talleres sobre compostaje, enmiendas de suelo, polinizadores, ilustración botánica, ungüentos con extractos de plantas de la propia huerta y cocina con productos cultivados allí. Para Giovanetti, estos jardines funcionan como aulas vivas que permiten transferir conocimientos experienciales a otros espacios urbanos degradados, convirtiéndolos en lugares de bien común y fortaleciendo la cohesión social a través del aprendizaje colectivo.