Pileta de Plaza de Armas y dibujos del Pajarero
El Pajarero (Pablo Neruda)
De esto hace varios años
Santiago de Chile se había acostumbrado
a su desventaja inconclusa, a su fehaciente fealdad.
Ciudad improbable, como un verano sin sandías
como un invierno desprovisto de música.
Ciudad irreconciliable y amorosa en que, sin embargo,
nadie bailaba en la calle
o leía a Vicuña Mackenna en el tejado.
Se abrió la puerta de Santiago
y entró Héctor Herrera.
Se sacó un pájaro del bolsillo
y lo dejó aleteando sobre una mesa de mármol.
Se sacó otro pájaro de un ojo
y éste cruzó las cordilleras.
Luego sacó uno más del fondo de su pecho,
y este pájaro se quedó a vivir con nosotros.
Luego el hombre aprendió
y sacó de la tierra, de las nubes,
de los techos de zinc, de las cantinas, del Senado,
del río Mapocho, de la nieve, de la calle Bandera,
pájaros de plumaje sagrado, aves de corazón popular,
de todo lugar y a toda altura,
palomas de azufre, gallos de greda, diucas verdes,
zorzales geolocos, pájaros de su propia invención,
siempre descomunales y fragantes.
Todo cambió.
La ciudad empajarada por su artesanía mágica
se hizo soportable, sonora, primaveral.
Se llenó de ilusiones, sueños,
laberintos llenos de pájaros.
La ciudad eliminó cortapisas, juzgados,
operaciones quirúrgicas, malas intenciones.
Por todas partes la gente comenzó a sonreir.
Sonreían con sonrisa de pájaro.
Toda la ciudad quería volar.
Héctor Herrera hizo el milagro. Aquí lo tenéis.
El fin de semana anduve caminando apurado por Tomé. Pasé por la Plaza de Armas y vi con estupor que estaban desarmando la pileta. Esa misma que se trajeron de Perú después de la Guerra del Pacífico. Me comentaron al pasar que era para montar un escenario circular sobre la pileta, donde bailarían danzas españolas. Moví la cabeza y seguí caminando.
Una cuadra más allá, por calle Sotomayor, vi que sacaban unos baldes con agua y barrían el aserrín desde la Casa de la Cultura. En la sala de exposiciones de Rafael Ampuero había una muestra de grabados de Héctor Herrera "el pajarero". Una muestra notable, que lamentablemente estaba siendo arruinada por el agua que corría desde el segundo piso del inmueble. Vi por lo menos un grabado mojado. Moví por segunda vez la cabeza y seguí caminando.
¿Porqué no ando con mi cámara fotográfica cuando la necesito?.
Hoy me encuentro con este correo en mi buzón de Fernando Espinoza y una declaración pública. Lamentablemente me llegó tarde, sino yo también habría ido a protestar. La reproduzco aquí:
Declaración Pública
Queremos señalar que, en la última semana, en la comuna de Tomé, hemos constatado un par de acontecimientos que creemos dignos de ser conocidos y cuestionados por la opinión pública.
En primer lugar, nos encontramos con que la exposición del prestigioso artista local, don Héctor Herrera (Q.E.P.D.), quien ocupa un sitial de honor en la cultura latinoamericana, se vio en grave peligro de ser dañada por un descuido de personeros municipales. No es posible que la obra de un coterráneo que está a la altura de Neruda, Guayasamín, entre otros grandes de la cultura continental, se ponga en riesgo por la negligencia de funcionarios descuidados e irresponsables. Una galería de arte llena de aserrín y baldes denigra a todos los habitantes de nuestra comuna.
En segundo lugar, hemos percibido la indignación de cientos de tomecinos que han visto como la pileta de la Plaza de Armas ha sido transformada en escenario para el acto de conmemoración del descubrimiento de América. Nuevamente, nos encontramos con la ignorancia y falta de respeto de quienes organizan esta actividad. Creemos¬, que este patrimonio histórico de nuestra ciudad no debe ser expuesto a estas demostraciones de mal gusto y carencia de tino. Esperamos no tener que volver a soportar estas situaciones.
En ambas situaciones, lo que está de fondo es la nula incidencia de las organizaciones sociales e incluso del Concejo Municipal en la toma de estas decisiones. Hoy tenemos un alcalde que no escucha a su Concejo ni a las organizaciones que queremos contribuir al desarrollo de nuestra comuna.
Es por ello, que un grupo de organizaciones culturales y artistas tomecinos, que suscribimos esta declaración, hemos decidido no dejar pasar estos acontecimientos. Primero, invitamos a repudiar estos hechos en el acto programado por la municipalidad de Tomé, mañana 14 de octubre, a las 12 horas, en la Plaza de Armas. Segundo, hacemos un llamado a todos los amantes de la cultura y de este puerto mágico a conformar un grupo de rescate patrimonial que vele por estos y otros legados culturales e históricos de Tomé.
Fernando Espinoza Díaz
Unión Comunal de Juntas de Vecinos de Tomé
lunes, octubre 15, 2007
domingo, octubre 07, 2007


Agua limpia, río sucio
El Collén es un estero, aunque más me gustaría llamarlo torrente. Es un río pequeño, humilde como el pueblo que atraviesa y sonoro como la palabra mapuche que lo nombra. Es un curso de agua que desciende desde algún punto de la cordillera de la costa, de los cerros y baja por el barrio California, buscando el mar.
Este riachuelo serpentea varias veces por el plano de Tomé, dejando su huella en la disparatada geografía local, para encontrarse finalmente con el mar, al chocar con el cerro El Morro y bajar hasta la playa por el lado del muelle.
Hace 30 años, cuando era un niño, este río era una verdadera cloaca. Nauseabundo, arrastraba todas las fecas de la población, a las que se sumaban además los desechos de la industria pesquera Camanchaca. Era un estero tan horrible, que cuando jugábamos en el patio de la Escuela Número 11, después Doctor Guillermo Velasco Barros, a veces la pelota terminaba en el río, tan sucia de inmundicias sin nombre, que preferíamos no recuperarla. También era una entretención, desde los patios de las casas, cazar los enormes guarenes noruegos que merodeaban por cientos en el río.
Ayer caminaba por Tomé y miraba el Collén y me sorprendía. ¿Cómo un río con aguas ahora limpias, sigue siendo tan despreciado y olvidado por la gente?.
Sí. Para los que no están en Tomé desde hace décadas, es necesario contarles que el río ya no tiene un color marrón, sino que sus aguas son transparentes.
Eso se debe a que se construyó un planta elevadora y un emisario submarino, y lentamente todas las aguas negras han comenzado a ser tratadas y devueltas al mar.
También la pesquera ha debido implementar un sistema de tratamiento de sus aguas, lo que sumado significa que el río ha sido descontaminado y está limpio.
Sin embargo, increíblemente, el Collén sigue siendo utilizado como un basurero por los tomecinos. Pese a que el municipio destina cuadrillas de trabajadores para limpiarlo, todos los días la gente bota sus residuos al caudal: botellas plásticas, escombros, bolsas, restos de alimentos, todo va al río.
Hace pocos días ví pasar un colchón completo, navegando pueblo abajo. Era un colchón de una plaza y no estaba roto. Lo único raro era que estaba en el agua y se lo llevaba plácidamente la corriente. Finalmente, en la desembocadura viajó un rato por el mar, pero las olas terminaron por depositarlo en la playa.
¿Qué tiene que ver colorida foto que acompaña este texto?.
Bueno, se trata de el lugar más hermoso del mundo. Es un pequeño pueblito cerca de Venecia, en Italia, famoso por sus artesanías en vidrio. Les pido que miren la foto atentamente. Es invierno, la gente camina abrigada por la orilla del canal. Las lanchas están estacionadas en sus riberas.
¿Es más hermoso el paisaje natural que el de Tomé?. Lo dudo. Al contrario, yo diría que el norte de Italia, con sus montañas y sus accidentadas bahías nada tiene que envidiar a nuestro pueblo.
Sin embargo, Murano vive sobre el canal y a través de él.
En Tomé las casas dan la espalda al río e incluso a más de alguien le he escuchado que la mejor solución para el pueblo sería canalizarlo y entubar al Collén. Ojalá pavimentarlo, pasar por arriba con una calle. Olvidarse de él y de su nombre. Ignorarlo. No mirarlo nunca más. Para siempre.
¿Hay una esperanza para el Collén?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)