Enero de 2026 quedará grabado en la memoria de Tomé como un mes de contrastes dramáticos: el esperado arranque de la temporada estival con festivales y preparativos playeros se vio abruptamente interrumpido por los megaincendios forestales que devastaron sectores completos de la comuna, dejando destrucción, evacuaciones masivas y una respuesta solidaria que marcó el resto del período.
El mes comenzó con optimismo veraniego. La Municipalidad de Tomé habilitó cuatro playas aptas para el baño y, el 7 de enero, se realizó en el balneario de Dichato el Festival Internacional de Jazz con temática Big Band, donde actuaron la Orquesta Big Band de Concepción y otras agrupaciones, atrayendo a cientos de visitantes y marcando el puntapié inicial de la agenda cultural estival.
El 15 de enero, en medio de la normalidad, se llevó a cabo la primera sesión del Consejo Comunal de Seguridad Pública. Encabezada por la alcaldesa subrogante Marissa Macchiavello, la reunión analizó el informe estadístico de 2025 y trazó lineamientos para 2026, con énfasis en prevención del delito y participación ciudadana, sin prever la tragedia que se avecinaba días después.
Todo cambió entre el 17 y 18 de enero. Los incendios forestales, impulsados por temperaturas de 26° a 28°C y vientos Puelche de hasta 50 km/h, avanzaron en solo 12 horas desde focos cercanos a la ruta Concepción-Florida y arrasaron el sector costero de Punta de Parra. Entre el 80% y el 90% de las viviendas fueron destruidas, junto con la escuela local y la iglesia del lugar, afectando también cerros como Caracol y Palomares.
El saldo fue trágico: al menos un fallecido en Punta de Parra (parte de los 19 muertos regionales), evacuaciones masivas —incluido un rescate marítimo de la Armada que salvó a 47 personas— y miles de damnificados. Tres escuelas comunales resultaron dañadas, se decretó estado de catástrofe, toque de queda nocturno en Punta de Parra y cortes masivos de luz y agua potable, dejando a Tomé como una de las zonas más golpeadas de la provincia de Concepción.
Durante las últimas semanas del mes, la comuna se volcó en la respuesta. Llegaron toneladas de ayuda desde Chiloé y Talca, se instalaron las primeras viviendas de emergencia y se activaron albergues. Sin embargo, persistieron las preocupaciones por el impacto turístico en Dichato y el resto de la costa, mientras la solidaridad vecinal y los planes iniciales de reconstrucción marcaron un cierre de mes enfocado en la recuperación y la unidad comunitaria.