miércoles, diciembre 03, 2014

Hoy se cumplen 60 años del deceso de la atleta tomecina Lisa Peter

Una estatua honra su memoria en Tomé. Foto de Rolando Saavedra.
Por Rolando Saavedra.

Enriqueta Lisa Peter Teubner

Nació el 14 de enero de 1929 en Providencia, Santiago. Sus padres fueron Heinrich Peter Erbiel (1892-1957) y Bertha Luise Teubner Schneider (1903-1951). Sus hermanos: Doris, George y Erich, quienes también fueron destacados deportistas.

Su familia se radicó en Tomé, al ser contratado su padre por la Vinícola del Sur. Estudió en el Internado Alemán, ubicado en el sector Frutillares y en el Liceo de Tomé.

Ingresó a la Fábrica Nacional de Paños de Tomé en 1950 (Revisión de Paños y Apresto). La empresa textil, le apoyó permanentemente su formación y participación deportiva. Ese mismo año participa en el Campeonato Sudamericano de Atletismo en Buenos Aires.

En el Sudamericano de Atletismo de 1954, realizado en Sao Paulo (Brasil), fue campeona de Salto Largo con 5,75 metros.

Perteneció a la rama atlética del Centro Cultural y Deportivo “Marcos Serrano”.

Falleció el 3 de diciembre de 1954, a consecuencia de una hepatitis aguda. Dicho acontecimiento impactó y consternó a todo el pueblo de Tomé, especialmente a los deportistas. Se recibieron condolencias de todas las Asociaciones Atléticas del país y asistieron delegaciones de las asociaciones de la región.

Con el aporte de todos los tomecinos, se moldeo en Santiago su cuerpo en bronce, que primero estuvo al interior del Estadio de Tomé y en la actualidad en la intersección de las calles Nogueira y Riquelme.


Lisa Peter corre en el tiempo


La leyenda

En la mitad del siglo veinte, comenzó a destacar la presencia de una jovencita delgada y de ascendencia germánica, que todos los días pasaba corriendo por las calles de Tomé, en una época en que las niñas tenían otros afanes y en que el atletismo se consideraba deporte varonil o una soberana pérdida de tiempo.

Nada desanimó a esta niña corredora, es más, sus reiterados éxitos locales y provinciales fueron alimentando su motivación para intervenir en certámenes de mayor exigencia y así fue como llegó a competir en las mejores pistas nacionales, logrando muchas veces romper cintas de meta y abatir marcas adormecidas por años.

Por mucho tiempo esta niña, llamada Enriqueta Lisa Peter Teubner, acostumbró a los tomecinos a sus éxitos atléticos.

Los periódicos penquistas y de la capital, no sólo mencionaron su nombre con letras grandes y en forma reiterada, sino que también en varias ocasiones la mostraron en fotografías, para ilustrar elogiosos comentarios de sus triunfos.

Llegó a ser Campeona Sudamericana de Salto Largo y su éxito y carisma no solo llevó a las graderías a mucho público, sino que también entusiasmó a jovencitas y muchachos a practicar el atletismo, en donde se compite para obtener triunfos y alimentar ilusiones.

Todo hacía presagiar que esta señorita alcanzaría otros galardones, pero su salud se quebrantó en forma fulminante y ante la incredulidad de un pueblo que la amaba, falleció sorpresivamente el 3 de diciembre de 1954.

Los tomecinos, no se conformaron con el tributo de sus concurridas y lloradas honras fúnebres. Había que hacer algo que no sumergiera en el olvido a una joven que con orgullo llevó la bandera tricolor en su pecho y el nombre de su pueblo en su voz agradecida; así fue como se realizó una gran colecta pública y se recibieron generosas erogaciones que hicieron posible que se moldeara en bronce su figura legendaria.

Su monumento fue emplazado en la parte sur del estadio local, a orillas de la pista de ceniza que conoció sus pasos largos y veloces en la década de oro del deporte tomecino.

Pero cuando el público y los deportistas abandonaron el estadio, la atleta predilecta se quedó en soledad y expuesta igualmente al abrigo del manto del olvido.

La nobleza de quienes disfrutaron de sus triunfos, la sacaron del estadio en decadencia y la llevaron victoriosa a su emplazamientos definitivo, en Nogueira esquina Riquelme, a orillas del Collén; allí Lisa Peter corre en el tiempo y en su mano derecha los niños traviesos le otorgan el tributo de una flor.

Pero, Lisa Peter no sólo corre en el tiempo, sino que para no cansarse también cambia su dinámica posición; así lo aseguran transeúntes solitarios, que en medio de la bruma y soledad de noches invernales, ven con estupor como el bronce de la atleta toma otras posiciones: partida, salto y ubicación en podium recibiendo el galardón de vencedora. Quienes han tenido el honor de su presencia en otras poses, jamás han podido probarlo y han llegado a creer que a lo mejor fue tan sólo un sueño o fantasías del alcohol.

Aún así, Lisa Peter, sigue corriendo en el tiempo y la memoria. Con sus ojos de bronce, contempla alegres estudiantes, turistas esporádicos, vecinos indiferentes y los inevitables funerales, con destino al camposanto de aromos frente al mar, en donde descansan sus restos memorables, que conocieron aplausos entusiastas , victorias celebradas y medallas muy brillantes, que ahora nadie sabe en qué baúl están.***

Esta leyenda, forma parte del libro “VIENTO DE NOSTALGIA, LEYENDAS Y MIRADAS DE TOMÉ”, publicado en 1999 por Román Villeg. Ediciones Perpelén.