Hay localidades que parecen detenidas en el tiempo, suspendidas entre lo que son y lo que podrían ser. Rafael, en la comuna de Tomé, es una de ellas. Un poblado semirural de menos de dos mil habitantes, con manzanas incompletas, sitios eriazos que interrumpen el tejido urbano y casas desocupadas que hablan de una promesa nunca del todo cumplida.
No es que Rafael carezca de condiciones. Tiene accesibilidad razonable, una trama urbana definida y, desde hace poco, una infraestructura sanitaria que muchas ciudades medianas envidiarían. La nueva Planta de Tratamiento de Aguas Servidas, ejecutada por Essbio con una inversión total de 7.500 millones de pesos, reemplaza décadas de fosas sépticas precarias que en verano se rebalsaban y contaminaban. Más de 1.600 personas se verán beneficiadas cuando el sistema entre en operación, proyectada para mayo próximo según anunció Essbio.
Es, sin duda, un hito. Pero el alcantarillado, por sí solo, no construye ciudades.
La paradoja de Rafael tiene raíces históricas. Es uno de los asentamientos más antiguos de la comuna: fue fundado el 24 de octubre de 1657 como Fuerte San Rafael, destinado a proteger el Camino Real que unía Concepción con Chillán. Incluso llegó a tener municipalidad propia, suprimida recién en 1927 cuando su territorio fue absorbido por las comunas de Tomé y Coelemu. Un pueblo que alguna vez fue capital de departamento hoy lucha por no perder vecinos. La historia, en este caso, pesa más como nostalgia que como realidad.
La economía local se sustenta en la agricultura y la silvicultura, con cultivo de viñas y plantaciones de pino radiata y eucalipto. Actividades que generan poco arraigo urbano y menos aún densidad poblacional. El pueblo conserva muros de adobe, techumbres de teja y largos corredores, muchas de esas construcciones derruidas a punto de desaparecer. El patrimonio se erosiona junto con la población.
Rafael necesita un catalizador mayor. Y ese catalizador podría estar en carpeta: la circunvalación Dichato-Rafael-Florida-Hualqui, una ruta estructural regional que, de concretarse, convertiría al poblado en un nodo de conectividad entre la costa y el interior del Biobío. Hoy Rafael ya es punto de encuentro de varios caminos: la Ruta 126, que la conecta con Tomé y Coelemu; la ruta 158 hacia la Autopista del Itata; y la ruta O-350 que la une con Florida. Una carretera estructural sobre ese esqueleto vial no solo acercaría mercados; atraería inversión, residentes y servicios.