Cuando han transcurrido tres meses de la partida de Darwin Rodríguez, en Tomé al Día.Com rescatamos una entrevista que se le realizó el 17 de marzo de 2014.
Darwin Rodríguez: “Editoriales como Al Aire Libro permiten enriquecer el debate cultural regional"
Poeta y escritor tomecino habla sobre su proyecto que ha significado editar más de un centenar de libros desde el puerto textil, con más de 20 mil ejemplares impresos.
También reflexiona sobre la necesidad de estimular la producción cultural desde las pequeñas urbes y sobre el impacto que tendrá el futuro Teatro Regional del Biobío.
De regreso del exilio en Argentina y luego en Canadá, Darwin Rodríguez se reinstala en su Tomé de origen, una ciudad golpeada por la crisis económica que vivió la ciudad textil en la década de los ’80 y por el desarraigo de muchos de sus creadores. Es así como forma parte de un movimiento que busca recuperar la actividad cultural de la comuna y participa de numerosos proyectos colectivos.
Ante la falta de un apoyo para publicar sus textos es que en el año 2010, a pocos meses del terremoto, junto con otros creadores decide formar la editorial “Al Aire Libro”, que significará un brisa fresca para la actividad cultural en general, abriendo un espacio para muchos creadores de literatura e incluso textos científicos, que comenzarán a publicar desde Tomé para el resto del mundo.
Transcurridos más de tres años, la editorial tomecina ya ha publicado más de un centenar de títulos y se plantea como un referente de lo que es posible realizar a través de la autogestión local y las nuevas tecnologías. Además, como presidente de la Corporación Teatro Regional, Darwin Rodríguez ofrece una mirada lúcida sobre lo que significa el apoyo al quehacer creativo y artístico.
-¿Cómo nace la editorial tomecina “Al aire libro”?
-Somos herederos de toda la producción editorial que tiene Tomé desde la segunda mitad del siglo XX. Nosotros recogimos esa experiencia, no nacimos de la nada. Desde el año 2010 tenemos las primeras publicaciones y desde allí estamos sistemáticamente publicando como editorial. Su origen tiene que ver con un desafío político, ético y estético. Una gran cantidad de creadores, que no tenía acceso a grandes recursos, por lo tanto vedado a la mayoría, debían remitirse a la producción artesanal. Que ni siquiera era artesanal por su finura, cuidado y detalle en su elaboración, sino por ser ediciones muy baratas, pero mal hechas. Eso significa libros de muy buena factura en términos de producción artística, pero de muy mala factura como libros objeto, en un período en que la estética es fundamental en todo. Hoy vemos que la ropa, los zapatos, todo es bonito. Se privilegia la expresión de la belleza: en su forma y en su contenido. Entonces buscamos formas de hacerlo bien y hoy la tecnología digital nos permite hacer eso. El libro, pese a los avances tecnológicos, es insistituible como instrumento cultural, por el placer sensorial que genera, por su características únicas.
-¿Cuáles son los pasos que se dan en este camino?
-El primer paso fue la necesidad de hacer bello lo bueno. La segunda razón es que la industria editorial de la región estaba disminuida respecto de Chile y de Santiago. De 4 mil libros que se editan anualmente en Chile, sólo 100 eran hechos en la Región del Biobío, una región que es la segunda en importancia económica, industrial y cultural, pero eso no tenía correspondencia con la editorialidad. Eso significa además, no sólo la inexistencia de una buena industria editorial, sino en el tratamiento del debate, la inhibición de la creación. Porque si no puedo hacer un libro, entonces no escribo, por lo tanto se frustran no sólo artistas y creadores, sino también científicos e investigadores de tecnología. Esa creo que son las dos razones principales para haber emprendido esta aventura en la cual, al principios, pocos creían. Como todas las cosas que se emprenden cuando se tienen sueños.
-¿Qué tipo de libros se editan en Al Aire Libro?
-Todo tipo de creación literaria: tenemos libros infantiles, cómic, teatro, poesía, prosa, tecnología y ciencia, ensayo y mucha discusión pública.Nosotros no competimos con editoriales nacionales. No tenemos necesidad de compararnos con nadie, por el contrario, creemos que como Gandhi, que construimos una casa con murallas muy poderosas para que no la derribe ninguna tormenta, pero con ventanas grandes, para que entre el aire fresco. No hay competencia, hay colaboración.
-¿Dónde están los orígenes de esta actividad editorial en Tomé?
-Es necesario considerar que hay un legado grande de libros, revistas y periódicos impresos en Tomé desde fines del siglo XIX hasta ahora. Nosotros nos hacemos cargo de esa historia, porque faltaba una institución que permitiera a los creadores, que no tenían accesos a la tecnologías de impresión tradicionales (Off-set), pudieran tener acceso a una buena calidad de impresos. Hoy tenemos más de cien autores publicados con un promedio de más de 200 libros por tiraje.Esto significa que se enriquece el debate cultural regional y abre las expectativas para que la gente siga escribiendo y no se inhiba por la falta de publicación.
-¿Qué queda de la riqueza cultural de Tomé de la segunda mitad del siglo XX?
-Queda una identidad bastante grande, muchos libros publicados, algunos de mucha importancia, porque un libro aunque no tenga mucha repercusión, el hacerlo es importante. El año 1926 Rafael Miranda Yáñez marca un hito con la “Monografía Geográfica e Histórica de la Comuna de Tomé”, da cuenta de aquella época. Quien quiera conocer a Tomé debe conocer este libro. Después de esa publicación hay muchas otras y también mucha prensa, muchos diarios y perioódicos que desde 1880 en adelante se imprimieron en Tomé. Afortunadamente, muchos de esos ejemplares se conservan en la Biblioteca Nacional y se están digitalizando, por lo cual podrá ser posible conocerlos a través de la Biblioteca Virtual. Antes era una exclusividad de alguien que hacía una investigación, una tesis, de quienes podían estar uno o dos meses en los archivos y al final, salían investigaciones muy repetidas.
-¿Dónde está todo ese material, los libros que se imprimieron en Tomé en el siglo XX?
-Lamentablemente esta disperso. Desde el año pasado estamos trabajando en un archivo virtual, en concordancia con la Biblioteca Nacional. Ya tuvimos conversaciones con ellos, pero no nos desesperamos por hacerlo rápido, porque estas son iniciativas de largo aliento, que además caminan con otros proyectos que tienen que ir avanzando en paralelo, para que la vigencia del Tomé cultural se reinstale de manera ordenada, organizada y útil, y no sólo sea la hazaña de Quijotes, que dan buena cuenta de ello en sus currículum, pero que no sirven a la sociedad en su conjunto, que es la razón de ser de este esfuerzo. Queremos tener una Biblioteca Virtual de Tomé, para dar acceso a esta acervo a las nuevas generaciones.
En este proceso editorial también hemos ido avanzando también mediante convenios con diversas universidades, como la de Concepción, Santo Tomás, San Sebastián y Del Desarrollo, que nos permiten publicar trabajos de desarrollo regional y de creadores locales, que aportan al futuro.
-¿Qué ocurrió con la producción cultural durante la época de la dictadura?
-Fue una época difícil para la creación artística en general. Lo que ocurrió es que la actividad cultural en aquel tiempo cambió de sentido, en ese tiempo de silencios las voces de los artistas remplazaron las voces de la sociedad normal. Hablábamos por aquellos que no podían hacerlo. A veces en un lenguaje metafórico, pero que fue forzado por las circunstancias. Entonces aparecieron las organizaciones culturales que editaban, publicaban, que hacían música y teatro, pero que básicamente tenía que ver con decir cosas que no pertenecían estrictamente al mundo de la cultura y el arte, sino más bien voces de otros. Con el retorno de la democracia en la década de los 90, los artistas debíamos volver a nuestros pasteles. Eso significó un reconocimiento que el oficio del arte y la cultura tiene sus propio códigos, distinto al de la política. Que tienen su valor, porque también es artístico, pero que es de excepción.
-Pero no todos los artistas que estuvieron activos en la dictadura lograron reinsertarse exitosamente en democracia. Esta el caso de Alfonso Alcalde.
-Sí, pero eso tiene que ver con que el arte y la cultura, la adivinanza del futuro, el rompimiento de los paradigmas, la provocación de lo normal, la irreverencia, en cualquier época es condenada. A Alfonso Alcalde le tocó con la dictadura, pero a los artistas les toca siempre y el desafío es seguir en el oficio.
-¿Cuáles son los desafíos de Al Aire Libro para el futuro?
-Los desafíos de Al Aire Libro no son como una sigla, sino de la gente que en torno a este proyecto se han ido construyendo. Tenemos más de 20 mil libros dando vueltas en las manos, los ojos y los corazones de la gente del Biobío, del país y también del extranjero. Este número es una potencia enorme, sobre la cual yo no quisiera adelantar un futuro, porque tienen dinámicas inesperadas. Nunca será la transformarse en una empresa deenriquecimiento material, sino en el desarrollo del espíritu. Tener 60 mil lectores, considerando un promedio de tres lectores por libro, es una enorme satisfacción y albergo las esperanzas de que tendrá un prospero futuro.
Creo que en Chile se está a abriendo a un período cultural muy rico y no lo digo por la situación política, sino porque se ha acumulado riqueza cultural, como para producir una nueva primavera.
-¿Cómo se hace cultura desde Tomé, considerando su pequeño tamaño y el centralismo enorme de Santiago?
-Concentrado en las personas y no centrado en las comparaciones con otros. Si nosotros somos capaces de sacar hacia afuera nuestros valores y nuestra riqueza espiritual, no importa que seamos de Cocholgüe, de Menque o de Singapur o de Santiago. ¿Qué saca un escritor con estar en un estante en una librería en Nueva York, si el que lo lee no lo conoce, no sabe cómo es su barrio o su entorno. Entonces la pequeñez de Tomé es una ventaja, porque aquí a las personas las conoces en todas sus dimensiones humanas, en sus riquezas y sus miserias, que es el valor de la vida, la diversidad de las personas. Por eso creo que Tomé no tienen ninguna posibilidad de compararse con Concepción ni con Santiago. La riqueza de Tomé, la Galaxia de Tomé, está dada en su valor hacia adentro y no hacia afuera.
-¿Qué espera del Teatro Regional en relación a la cultura?
-El principal es romper el paradigma de la identidad cultural de la región, porque todos los esfuerzos de definir al habitante de la región como un idéntico es un error: lo que hay que potenciar es la diversidad cultural, la multiculturalidad, aquí hay géneros, edades, religiones distintas, que convergen en un espacio.
A la inquietud por este proyecto, yo siempre respondo que es inimaginable lo que va a suceder, porque cuando juntan una gran riqueza que hay en la región, de artistas y creadores, les das la posibilidad de dialogar todos juntos, de allí surge un discurso ético, estético y político, inimaginable, que no va a ser la simple suma de todas las partes, sino un producto superior, que de cuenta de que el concepto de identidad regional única está equivocada. Por eso, la posibilidad de usar al Teatro Regional como catalizador de ese proceso multicultural, eso es lo que espero. Que este sea un espacio de desarrollo democrático y amplio, armónico e incluyendo a los que tienen disidencias y a los que guardan silencio.