Tomé enfrenta uno de esos desafíos que no admiten postergaciones: generar nuevas oportunidades de empleo. El desempleo no es solamente una cifra estadística. Detrás de cada persona que no encuentra trabajo hay una familia que ve restringidas sus posibilidades, un joven que debe buscar oportunidades fuera de la comuna y un comercio local que pierde clientes. Por eso, recuperar el dinamismo económico debe transformarse en una prioridad para Tomé.
En este escenario, resulta necesario mirar con atención las iniciativas privadas que comienzan a plantearse para la comuna. El Parque Eólico Menque, presentado por UKA Chile, considera una inversión cercana a los US$410 millones y la instalación de 37 aerogeneradores en los sectores de Menque y Dichato, además de almacenamiento mediante baterías y conexión a la futura subestación Dichato. Se trata de una inversión de gran magnitud para una comuna que durante años ha carecido de proyectos capaces de movilizar capital, proveedores y empleo.
También está el proyecto inmobiliario Conjunto Habitacional Miramar, en Dichato, que contempla una inversión estimada de US$40 millones y la construcción de 480 departamentos. Su eventual materialización no solo contribuiría a enfrentar el déficit habitacional, sino que durante sus aproximadamente 32 meses de construcción requeriría un promedio de 160 trabajadores, llegando a un máximo estimado de 200 personas contratadas. Es justamente el tipo de actividad que puede generar efectos sobre otros sectores de la economía local, desde el comercio hasta los servicios y proveedores.
Ambas iniciativas tienen algo en común: todavía no son empleos concretos ni inversiones materializadas. El parque eólico se encuentra en una etapa temprana de desarrollo y el proyecto inmobiliario debe superar las respectivas evaluaciones y autorizaciones. Precisamente por eso, la discusión debe ser seria y anticipada. Tomé necesita atraer inversión, pero también necesita que cada proyecto sea evaluado rigurosamente, con participación de las comunidades y con medidas efectivas de protección ambiental. En el caso del parque eólico, la propia empresa ha señalado que desarrolla estudios sobre flora, fauna y biodiversidad y que contempla un proceso de participación ciudadana temprana.
El cuidado del medio ambiente y el crecimiento económico no deberían plantearse como objetivos incompatibles. Tomé necesita proteger su patrimonio natural, pero también necesita inversión, actividad productiva y puestos de trabajo. El desafío está precisamente en encontrar ese equilibrio: proyectos que cumplan la normativa ambiental, mitiguen sus impactos, incorporen a las comunidades y, al mismo tiempo, puedan desarrollarse dentro de plazos razonables. Lo que no parece sostenible es convertir cada iniciativa de inversión en un proceso interminable de permisos, observaciones y trabas administrativas. Cuando una inversión se posterga indefinidamente, las consecuencias no las asume solamente la empresa: también las sufren los trabajadores, los emprendedores, los proveedores y el comercio local.
En esa misma perspectiva debe observarse el proyecto de tierras raras de Penco como una oportunidad que puede trascender los límites de esa comuna y beneficiar al empleo de Tomé. La proximidad territorial y la posibilidad de que una inversión de esa naturaleza genere demanda por servicios, transporte, construcción, proveedores y trabajadores especializados hacen razonable que Tomé se prepare para participar de esa cadena de actividad económica. Para ello se requiere capacitación, coordinación entre municipios, empresas e instituciones educativas y una estrategia que permita que parte de las oportunidades laborales queden en las comunas cercanas.
Pero la inversión privada, por sí sola, no resolverá todos los problemas. Tomé también necesita que los proyectos de inversión pública avancen con mayor velocidad y se traduzcan en mejores caminos, conectividad, espacios públicos, infraestructura urbana y servicios. Una comuna con infraestructura deficiente tiene mayores dificultades para atraer empresas y retener trabajadores. Cada obra pública bien diseñada no solo mejora la calidad de vida: también crea condiciones para que posteriormente llegue inversión privada y se multiplique la actividad económica.
Tomé no puede resignarse a una economía basada principalmente en actividades estacionales o depender de que las oportunidades aparezcan espontáneamente. Necesita una estrategia de desarrollo que combine inversión pública y privada, capacitación laboral, infraestructura, protección ambiental y facilidades para emprender. El objetivo no debiera ser aprobar proyectos a cualquier costo, sino establecer reglas claras que permitan que las iniciativas que cumplen con ellas puedan avanzar.
La comuna necesita recuperar la confianza en su capacidad de crecer. El Parque Eólico Menque, el proyecto habitacional Miramar y las oportunidades que eventualmente puedan surgir en torno al desarrollo de tierras raras en Penco muestran que existe espacio para nuevas inversiones y empleos. La tarea ahora es que autoridades, comunidad y sector privado sean capaces de construir las condiciones para aprovechar esas oportunidades, con responsabilidad ambiental, participación ciudadana y una mirada de largo plazo. Porque para Tomé, hoy más que nunca, generar empleo no puede seguir siendo una aspiración: debe convertirse en una prioridad de desarrollo.