La región registró un alza interanual de 0,4 puntos porcentuales en el desempleo, impulsada por la contracción del empleo y el crecimiento de los desocupados, según la Encuesta Nacional de Empleo del Instituto Nacional de Estadísticas.
La tasa de desocupación en la Región del Biobío alcanzó 10,5% en el trimestre julio-septiembre de 2026, 0,4 puntos porcentuales por encima del mismo período del año anterior. Este avance se explica porque la caída de las personas ocupadas (-1,5%) superó la merma de la fuerza de trabajo (-1,1%), mientras los desocupados crecieron 2,9%. El deterioro del mercado laboral regional se concentra en una menor capacidad de generación de puestos, más que en un retiro masivo de la población activa.
La participación laboral se situó en 55,9%, con una baja de 1,0 punto porcentual en doce meses, y la tasa de ocupación retrocedió a 50,0% (-1,2 pp.). En paralelo, la población fuera de la fuerza de trabajo aumentó 2,9%. Estos indicadores confirman un mercado más estrecho: menos gente busca trabajo y, entre quienes lo hacen, una proporción mayor queda sin empleo, lo que eleva la presión sobre los hogares y reduce el dinamismo económico local.
Por sexo, las mujeres enfrentaron una desocupación de 11,0% (+0,7 pp. interanual), superior a la de los hombres, que llegó a 10,1% (+0,2 pp.). La contracción del empleo total (-1,5%) fue impulsada principalmente por los hombres (-3,4%). La brecha de género se amplió en desocupación, pero la pérdida de puestos recayó con más fuerza en la población masculina, lo que sugiere un impacto diferenciado según el tipo de actividad y la formalidad de los contratos.
Los sectores que más incidieron en la reducción de ocupados fueron la industria manufacturera (-9,4%) y la construcción (-6,2%). Por categoría ocupacional, el descenso se concentró en los asalariados formales (-3,4%) y en el personal de servicio doméstico (-20,3%). La debilidad de estas ramas, históricamente intensivas en empleo, refleja tanto el enfriamiento de la inversión como ajustes en la demanda de servicios personales, y explica gran parte del deterioro regional.
La tasa de ocupación informal subió a 27,3% (+1,0 pp. en un año). Las personas ocupadas en condiciones informales crecieron 2,2%, con un alza más marcada entre las mujeres (4,5%) que entre los hombres (0,2%). El aumento de la informalidad, en un contexto de menor empleo total, indica que parte de la fuerza laboral que pierde puestos formales migra hacia trabajos precarios, profundizando la vulnerabilidad económica, especialmente entre las mujeres.











