En las últimas semanas, la comuna de Tomé, reconocida históricamente por su ambiente tranquilo y familiar en la Región del Biobío, ha sido escenario de dos hechos de gravedad que evidencian un preocupante deterioro en la seguridad y la convivencia social: una violenta riña entre barras de fútbol amateur que dejó diez heridos y una amenaza explícita de tiroteo grafiteada en un establecimiento educacional. Estos incidentes no solo generan alarma inmediata, sino que ponen en jaque la paz de una comunidad que, hasta hace poco, se caracterizaba por su baja conflictividad.
El primero de los hechos ocurrió tras un partido de fútbol amateur entre el Club Latorre de Tomé y el Club Antena de Hualpén. Una vez finalizado el encuentro, insultos entre hinchas y jugadores escalaron rápidamente a una riña masiva con uso de objetos contundentes. El saldo fue de al menos diez personas lesionadas: ocho con heridas de carácter leve y dos de mediana gravedad. Entre las víctimas se encontraban jugadores, asistentes y, según denuncias de testigos, incluso mujeres y niños del club local. La agresión fue calificada por algunos como “cobarde y criminal” por parte de la barra visitante.
Lo preocupante es que el partido se disputó sin presencia policial. Carabineros confirmó que ni el club organizador ni la municipalidad notificaron previamente el evento, por lo que no hubo contingente en el lugar. El capitán Mauricio Cornejo, de la Primera Comisaría de Tomé, señaló que la investigación se complica por la falta de testigos claros y que el caso ya está en manos de la Fiscalía. Por su parte, Gino Placencia, director de Seguridad Pública de la Municipalidad de Tomé, lo catalogó como “un caso aislado”, argumentando que la responsabilidad recae en los clubes deportivos. Sin embargo, la ausencia de medidas preventivas básicas en un deporte amateur que convoca a familias enteras resulta inaceptable.
Apenas días después, la violencia escaló a otro ámbito sensible: la educación. En el Liceo Industrial de Tomé, se descubrió un grafiti amenazante en los baños del establecimiento que decía textualmente: “¡Tiroteo x Sapos. Inspectores y estudiantes no se salvan. Nada de broma". El mensaje generó pánico inmediato entre estudiantes, docentes y apoderados, en el marco de una ola nacional de amenazas similares que ha provocado suspensiones de clases en varios colegios del Biobío y otras regiones. Aunque no se ha confirmado una vinculación directa con las barras de fútbol, el clima de intimidación y el uso de lenguaje violento resultan alarmantemente cercanos.
Estos episodios no son hechos aislados ni menores. Tomé, una comuna costera de tradición pesquera y turística, ha mantenido durante décadas un perfil de baja delincuencia y fuerte sentido comunitario. Que ahora sus canchas y sus liceos se conviertan en escenarios de agresiones con barras y amenazas de tiroteo representa un quiebre profundo en su identidad. La cultura de las “barras” –incluso en el fútbol amateur– parece haber permeado espacios que deberían ser de sana competencia y formación, mientras que la falta de protocolos claros en los establecimientos educacionales deja a niños y jóvenes expuestos al miedo.





