En Tomé, el nombre de Jaime Eduardo Eriz Flores (56) se ha convertido en sinónimo de emprendimiento y compromiso con la comunidad. Originario de Ranguelmo, donde creció en un sector ligado a un aserradero, este empresario ha sabido transformar sus sueños en proyectos concretos que hoy abarcan desde supermercados hasta iniciativas culturales. Su cadena de supermercados "Beach" es ampliamente reconocida en la comuna, pero su aporte va mucho más allá del comercio.
Desde muy joven, Eriz mostró un espíritu inquieto y trabajador. A los 12 años comenzó vendiendo volantines y helados en su localidad, y con esfuerzo logró costear sus estudios de Ingeniería Civil Industrial en la Universidad del Bío-Bío, además de un magíster en Economía y Administración de Empresas en la Universidad de Concepción. Con disciplina y visión, levantó un pequeño almacén que con el tiempo se transformó en un grupo empresarial diverso, con presencia en rubros como ferreterías, hoteles, restaurantes y panificadoras.
El camino no estuvo exento de dificultades. En 2010, el terremoto y posterior tsunami destruyeron por completo su supermercado en Dichato. Sin embargo, su reacción solidaria al entregar los productos a los vecinos necesitados marcó un hito. Apenas un mes y medio después, logró reabrir el único supermercado operativo en la zona, convirtiéndose en un símbolo de esperanza para la comunidad. Ese gesto le valió el Premio Nacional al Empresario Destacado 2010, reconocimiento entregado por el presidente Sebastián Piñera y la Cámara Nacional de Comercio.
Hoy, además de liderar más de una decena de negocios, Jaime Eriz ha decidido dejar un legado cultural. Es autor del libro “Ser tu propio maestro”, donde comparte su filosofía de vida y su visión sobre el equilibrio entre bienestar, riqueza y felicidad. Asimismo, ha impulsado la creación de un Museo en Tomé, junto con exposiciones itinerantes de esculturas, pinturas y arte, reafirmando su compromiso con la identidad local y el acceso a la cultura.
Para Eriz, el emprendimiento es más que una opción: es una oportunidad de aportar al país y a las comunidades. “El orden, la disciplina y el control son la clave. Hay que saber mirar los números, mejorar constantemente y tener equipos comprometidos”, sostiene. Su historia demuestra que la curiosidad y el deseo de aprender pueden convertirse en motores de transformación social y económica.
En Tomé, su figura es vista como un ejemplo de resiliencia y visión de futuro. Desde los pasillos de sus supermercados hasta las salas de su museo, Jaime Eriz encarna el espíritu emprendedor chileno, recordando que el éxito no solo se mide en cifras, sino también en la capacidad de aportar a la cultura, fortalecer la identidad local y abrir caminos para las nuevas generaciones.
